"Ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el río, serán los mismos"
Heráclito.
"Todas las luces son verdes, y van de aquí al infinito" decía una de mis canciones favoritas.
Salgo de la campiña de Sevilla para adentrarme en la provincia de Cadiz. Empiezo a reconocer al Pinar entre nubes.
Benamahoma se presenta, humilde, casi colgada entre una espesa vegetación. Alguna que otra grúa y casas con tejas nuevas, te recuerdan que estás en el siglo XXI y no en plena reconquista, cuando moros, judíos y cristianos convivían en pequeñas poblaciones como ésta.
Sierra del Hinojal a la izquierda, Sierra del Pinar a la derecha. Las nubes se sientes dueñas de las cumbres. El tiempo deba algo de agua, 2-3 litros. Al final, ni me llevé el impermeable.
La primera fuente, en la salida del pueblo hacía el Boyar
Empezaba la ruta. Por delante, 9 kms de subida ininterrumpida por un sendero hasta el Boyar. 700 mts de ascenso hasta llegar a los 1.100 mts del Puerto.
Sendero correoso, con piedras, varios porteos.
Impresionante rodar entre las encinas retorcidas por la dureza del clima. Subes, subes, subes...
Las fuentes estaban a reventar
El sendero, también a reventar de agua, en algunos tramos era un auténtico arroyo.
Una mirada atrás, y entre la niebla y los arboles se deja entrever el Salto del Cabrero.
Que subida, y no llevaba ni 8 kms.
Agua por todos lados.
Por fin, el Boyar
A partir de aquí, una breve bajada por un sendero habilitado, para enganchar tres kms de asfalto que me llevaría al Puerto de Palomas.

Una vez en el Puerto, el paredón de la caída norte de las Lomas, última estribación de la Sierra del Pinar, te dejaba perplejo.... ¿pero cómo voy a sortear esto....?
Las vistas al norte impresionan. Que pequeña se adivina Sierra Lijar, cubierta de brumas, cobijando a Algodonales.
Cerro Coros, cerrando con las Lomas el Puerto de las Palomas, con su ladera surcada de senderos de vértigo. Me recuerdo que tengo que volver a bajar por ese divertido muro.
Tras un tramo sin camino visible en una zona de chaparros y pastizales de roca, me encuentro un atractivo sendero.
Algunos tramos son de una belleza espectacular. Los pinsapos tapizan la umbría del Pinar. Estoy a un par de kilómetros en línea recta, y ya noto la temperatura y la humedad del bosque.
Uau, un bufido me llama la atención, un grupo de cabras montesas está a escaso metros, excepto una que estaba cerca, la mayoría ni se inmutan por mi presencia.
Esta es su casa.
Yo sólo soy un invitado, inesperado. Bueno, lo de invitado, es metafórico.
Todavía me esperan repechos hasta entrar en las sombras.
No puede uno sino pararse de vez en cuando a disfrutar.
En esta zona, el recorrido mezclaba divertidos pasos como este, con hilos cómodos o intermitentes porteos.
La vegetación relicta empezaba a cerrarse sobre el sendero.
Uhmmmm....
Y por fin, atravesando el corazón del Pinar. El silencio es máximo, y un sentimiento de respeto te llena. Estas en pleno bosque de Pinsapos, y poco a poco, te sientes parte de él.
Fue declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 1977 y posteriormente Parque Natural en 1984.
La primera vez que pase por estas piedras, no tenían todavía etiqueta por parte de la Junta de Andalucía, ni exigía formalismo alguno su visita.
Entrabas,... y ya está.
De alguna forma, maldices esta cultura (o debería decir incultura) nuestra que ha obligado a la administración regular las visitas para evitar que el paraje se llene de basuras, barbacoas improvisadas, romerías deportivas con el creciente riesgo de personas descerebradas...
Sin embargo, su encanto, su magia, se mantiene.
El recorrido tiene muchos tramos amables.
Es como un túnel del que deseas no salir.
Una matriz de vida te rodea.
Este viejo quejigo reivindica su lugar en el bosque.
Bajas la velocidad, no quieres llegar al final.
Estas todavía dentro, y sientes que ya, los echas de menos.
La despedida es dulce, pero te deja un vacío.

Una sed, que no hay agua que la calme.
27 kms, 1.485 mts de desnivel acumulado. 6 horas de ruta.
Seguramente vuelva otra vez al Pinsapar, pero ya no sera igual. Ni él, ni yo.










































